
Para enfrentar la agotadora tarea de integrarse a este mundo que se nos presenta esquivo , los humanos hemos tomado como iniciativa la díficil misión de dejar sentado por escrito la infinita multiplicidad de derechos , obligaciones , situaciones ,condiciones, cláusulas y demás eventos aleatorios que pueden signar nuestra -ya de por sí trabajosa - relación con áquel que llamamos el otro.
En la perpetua prolongación de un tejido simétrico en el cual se va agregando alternativamente cada punto , nos vemos - alegamos- obligados a plasmar en la letra lo que deberíamos decir , intentar , hacer o no hacer. En una sociedad en la cual la palabra - se dice - ha perdido el valor que ostentaba , éterea e inasible, nos hemos visto forzados a fijarle un soporte , una base material que protocolice áquello para lo cual antes bastaba la memoria.
Constituciones , leyes , códigos , cheques, concursos, papel moneda , ordénes de mérito, expedientes, reglamentos, prospectos , patentes, carteles , contratos , pactos : inscripciones que se esfuerzan en priorizar equibrios, moderar desigualdades y por sobre todo , obligar las conductas de áquellos que deberían garantizarlas sólo con el brillo de la mirada.
Complicada tarea , improbable resultado.
Pues a medida que abordamos el vértice de la Pirámide , comprobamos , no sin cierto asombro, que áquello que creíamos haber dejado rotundamente atrás no sólo está ahora muy adelante , sino que también preside normalmente la concreción del proceso : la voluntad . El nudo que cierra el Tejido.
Y así , siempre, por mucho que hayamos escrito, equilibrado y previsto para defendernos, hay un momento terminal de la relación en la que alguien inerme -casi desnudo - decide cumplir primero y confiar , mansamente, en que el otro lo haga después . Como cuando , en las películas , a la suelta de prisioneros de un lado de la frontera le seguía necesariamente ese instante - eterno y vacío - donde todas las expectativas viraban al otro extremo. Curiosamente, en este duelo , el que desenfunda primero es el que se expone a recibir el balazo. Arriesga y confía. Sin letras que lo defiendan.
Quiérase o no : el mundo todavía funciona mayormente de esa manera. La confianza , minuto a minuto , rubrica millones de estas apuestas cotidianas que hacen posible nuestra existencia. Cuando falla, temblamos.
Y , al menos para mí, resulta claro que áquel día en el cual los Kiosqueros - cara de piedra mediante -se nieguen a entregar los caramelos arguyendo que no les han dado la moneda que sí han recibido , la habrán herido de muerte.
La llamamos Buena Fe. Por virtud, justicia o conveniencia , la mejor medicina para vivir en sociedad.
.
8 comentarios:
Estoy esperando que me entreguen la licuadora que acabo de comprar.
El pibe fue a buscar cambio. Parecía algo apresurado.
Volverá ?
Si supiera la cantidad de dinero y de amigos que se me han ido (y ya es un hecho que se me irán a la brevedad)por confiar en la palabra. No lo vuelvo a hacer. Puse buena fe y recibí mala leche.
Muy bueno el texto, pero la verdad no hay que creer en la gente. La lógica relacional es así: "Cuando me conviene, respetá lo que dijimos. Pero si no me conviene, nos atenemos a la letra" Yo no vuelvo a pensar más que en el beneficio personal.
Mi valorado W.D :
En relación al primer párrafo de su aporte , no me cuesta nada imaginar la situación, al menos en la Argentina . Desde mi punto de vista , ahí precisamente faltó buena fé , sólo que del otro lado del mostrador.
En relación al segundo, me parece una observación válida en tanto parte una experiencia propia que Ud. ha utilizado para aprender.Pero también me refería a situaciones de hecho forzosas que uno no elige y en la cual , en cierto modo, uno está en manos de los demás. O a la inversa.
La justicia es igual para todos; prohibe, tanto a ricos como a pobres, mendigar y dormir bajo los puentes.
Empeñé mi palabra: no me dieron ni cinco e' guita.
Recuerdo que en más de una noche cerrada llegué a desconfiar literalmente de mi propia sombra. No obstante, desde una postura un tanto pragmática en las cosas irrelevantes (aquellas que no lesionan ni la vida ni la libertad) decido confiar aún cuando sea engañado. Quiero decir, desconfiar constantemente en cada estupidez diaria conlleva un altísimo costo psicológico que prefiero pagarlo con el 10% de miserables que me estafan con una moneda de menos.
Ahora bien, ya si hablamos de la licuadora... vendetta! :)
Un abrazo y keep writing!
Fede :
Probó en Leiva Joyas ?.
Luc :
Es una buena filosofía. Especialmente para el corazón. Reservemos energías para combatir a la gente que va por la vida dejando el tendal.
Leyeron H.B La Cola del Lagarto. Se agota...
Publicar un comentario